lunes, 7 de julio de 2014

La violencia y las maras detonan el éxodo masivo de menores a EEUU

San Salvador / Guatemala (07-07-2014)
Por Juan José Dalton / José Elías
El Salvador, Guatemala y Honduras están en el ojo del huracán. La ola de menores migrantes que por miles intentan llegar a Estados Unidos han puesto en un brete a la Administración de Barack Obama, pero también han destapado la demoledora situación de los citados países centroamericanos. Anclados en la pobreza, el fenómeno de la violencia, especialmente fustigado por el látigo de las maras, ha actuado como detonante de este éxodo masivo. Para algunos especialistas se trata de un caso de desplazamiento forzoso por los altos niveles delictivos y la presión de las organizaciones criminales. A ello se suma el intento de conseguir el reagrupamiento familiar. Los casos de Guatemala y El Salvador ilustran la gravedad de esta violencia. En este último país las peticiones de asilo por violencia, ya superan a las de refugiado por conflicto bélico de la época de las guerras civiles. Y en Guatemala, el índice de homicidios ha aumentado un 70% en un año.
SAN SALVADOR
Muchas familias en El Salvador se han visto obligadas a abandonar sus viviendas, de un día para otro, sin planificación. Se trasladan obligatoriamente a otros lugares del territorio y envían a sus hijos al extranjero para poner a salvo sus vidas. No es una confrontación bélica como en la década de los 80 del siglo pasado, en la que el ejército pretendía menguar a las guerrillas izquierdistas; es una guerra imparable entre pandillas o maras, que mantienen asediada a esta nación por casi dos décadas. Es el “desplazamiento forzoso” a causa de la violencia, como lo califica Jeannette Aguilar, experta en temas de violencia.
Antes primaba la pobreza como causa principal de la partida de la población salvadoreña hacia Estados Unidos. “La migración forzosa de niños, adolescentes y jóvenes hacia México y Estados Unidos, en busca de mejores oportunidades, es un fenómeno de larga data, pero en los últimos años, un elemento que ha contribuido a agudizar la migración forzosa de niños y de adolescentes en ruta hacia Estados Unidos ha sido el agravamiento de la violencia”, dice Aguilar
“No se tienen datos concretos, estadísticas duras, sin embargo, se sabe que estas olas de desplazamiento forzado de centroamericanos hacia el país del norte, están fuertemente asociadas a la amenaza, al asedio y en todo caso a los hechos de violencia brutal que están cometiendo los grupos de la delincuencia organizada, especialmente las pandillas en los países”, recalcó la experta, quien dirige una institución que tiene más de 20 años de analizar e investigar la violencia local, el Instituto Universitario de Opinión Pública, de la jesuita Universidad Centroamericana (UCA).
El Salvador, con 6,3 millones de habitantes, según datos oficiales, tiene un Producto Interno Bruto (PIB) aproximadamente 43.000 millones de dólares y un PIB per cápita de casi 3.800 dólares. La pobreza alcanza al 29% de la población. Es el cuarto país más peligroso y violento del mundo, con una tasa creciente de homicidios, mayor de 40 por cada 100.000 habitantes. El promedio actual de homicidios diarios es de 12, con tendencia al aumento.
Se sabe que estas olas de desplazamiento forzado están asociadas a la amenaza y al asedio de los grupos de la delincuencia 
Aguilar considera que los menores de edad y los jóvenes “son los principales blancos de muchos de estos grupos, particularmente pandillas, que a partir del mayor control territorial que tienen en muchas comunidades, han incrementado el asedio y la violencia hacia los jóvenes”. Este grupo social es el que muere en la guerra entre maras, es también el “acosado” para que se incorpore a las pandillas.
“Los padres intentan salvar a sus hijos y pese a que conocen el peligro de las travesías hacia la frontera de Estados Unidos, prefieren correrlo que dejar que las maras los asesinen o los recluten”, aseveró Anita Zelaya, directora del Comité de Familiares de Migrantes Desaparecidos de El Salvador.
La situación ha llegado hasta el punto de que el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha reabierto una oficina local que fue cerrada después de finalizada la guerra civil en 1992. “Se sabe que la violencia, las amenazas, el acoso, constituye la segunda causa de solicitudes de asilo de salvadoreños. Este es un fenómeno nuevo, es atípico. Un dato llamativo y alarmante es que el número de solicitudes de asilo de centroamericanos por hechos de violencia ha superado a las solicitudes de asilo por situación bélica, en la época de conflictos armados”, apunta Aguilar.
El Gobierno salvadoreño está tratando con la Administración de Estados Unidos este problema. El objetivo salvadoreño es lograr un tratamiento integral que incluya seguridad, crecimiento económico y cooperación, informa Silvia Ayuso. “Vamos a tomar algunas medidas a corto plazo en tema migratorio. Por ejemplo vamos a lanzas una campaña de sensibilización para contarle a la gente todos los riesgos que significa migrar. También se van a endurecer las medidas contra los traficantes de personas y se va a mejorar los mecanismos de acogida de los retornados”, declaró el ministro de Relaciones Exteriores, Hugo Martínez.
GUATEMALA
La pobreza extrema, la inseguridad ciudadana y el anhelo de la reunificación familiar son algunas de las causas que obligan a miles de niños guatemaltecos a emigrar ilegalmente hacia Estados Unidos. La pobreza, que castiga con mayor intensidad a los niños indígenas, se traduce en que, a lo largo de 2013, cada dos horas un niño menor de cinco años muriera por causas que pudieron prevenirse, como diarreas y neumonías.
Guatemala es el país centroamericano que menos invierte en la niñez y la adolescencia. Mientras Honduras, Costa Rica y Nicaragua destinan más del 6% del PIB a la infancia, el Estado guatemalteco solo invierte el 3,1%. Esto, en una nación donde el 48% de la población está compuesta por niños y adolescentes.
“El Estado es coautor del exterminio perpetrado desde los sistemas de exclusión y desigualdad (…) cada dos días muere un niño por desnutrición, mientras que una cantidad indeterminada con desnutrición crónica ve afectado negativamente su desarrollo físico y cognitivo de manera permanente”, se lee en el informe Situación de la Niñez Guatemalteca, de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG).
Los derechos económicos no están mejor. El informe de los obispos señala que de cada 10 menores que trabajan, seis sufren de maltrato laboral. El 82% de los varones y el 75% de las mujeres no tiene acceso a prestaciones laborales, como el Seguro Social, en este país de 15 millones de habitantes.
Es difícil superar este estado de cosas en un contexto económico que el analista Gustavo Berganza califica como un fracaso. “Lo único que hace nuestro modelo económico es mantener el nivel de pobreza. Desde 2001 la economía ha crecido a un promedio de 3,4%, mientras que el aumento demográfico ha sido del 2,4%. Así no hay la más remota posibilidad de disminuir la pobreza”, afirma Berganza.
Guatemala es el país centroamericano que menos invierte en la niñez y la adolescencia
“Es muy fácil, en un país pequeño como Guatemala, mantener los niveles de inflación controlados y la emisión monetaria dentro de rangos razonables. El problema es la ausencia de un modelo que permita sacar al país de su estancamiento”, añade el analista.
Guatemala no es un país atractivo para la inversión, cuando el trabajador promedio no está calificado, ofrece una mano de obra desnutrida y tiene un sistema educativo de muy mala calidad. Revertir esta realidad se hace cuesta arriba, cuando las tasas impositivas son las más bajas del continente y cualquier asomo de cambio es rechazado, con todo vigor, por los poderes económicos del país.
La falta de rumbo económico se juntó con un clima de inseguridad alarmante. La tasa de homicidios de hombres de edades comprendidas entre los 13 y los 29 años aumentó un 70% en un año (pasó de 29,9 por cada 100.000 habitantes al 42,2 en 2013). En el caso de las muejres el aumento fue similar (del 4,7 a 6,1).
El demoledor informe de los obispos desnuda una lacerante realidad de este país centroamericano. “En 2013”, puntualiza, “se registraron 133 casos de trata de personas. El secuestro, venta, tráfico ilegal y sustracción afecta a quienes, por situaciones puramente económicas, se les adjudica un precio, convirtiéndoles en sujetos vulnerables y objetos de propiedad privada (…) cuyo trabajo es retribuido en formas de servidumbre, esclavitud y venta ilícita de menores”.
El Gobierno se refugia en el argumento de que los niños emigran, y los hacen solos, en un afán de reunirse con sus padres. En cualquier caso, la vulnerabilidad de estas familias hace que las mafias de traficantes de personas logren jugosos negocios.

http://internacional.elpais.com/internacional/2014/07/07/actualidad/1404692571_991930.html

jueves, 3 de julio de 2014

Las masacres contra las maras son atribuidas a luchas entre pandillas

San Salvador (03-07-2014)
Por Juan José Dalton (EL PAÍS)
En varios lugares de El Salvador, sobre todo en ciudades de la zona central, como Zacatecoluca o Cojutepeque, aparecieron recientemente volantes con mensajes firmados, supuestamente, por La Sombra Negra, en los que se decía: “Mareros, la hora les va a llegar…”. Estos mismos avisos o similares en sus amenazas fueron escritos en paredes con pintura negra de spray, misma que se usa para grafitis. Luego, en menos de 48 horas, entre lunes y martes, se cometieron dos masacres contra miembros de las maras, como se les conoce a las bandas criminales en este país centroamericano. La reacción inmediata de la prensa y de analistas políticos fue la de plantearse la posible existencia de los llamados grupos de exterminio social contra los pandilleros.
“No podemos especular, tenemos que basarnos en información concreta de las investigaciones y de la inteligencia policial, pero lo que sí podemos confirmar es que ya tenemos evidencia de que algunas de estas acciones en las que mueren dos o más personas, supuestamente pandilleros, son cometidas por los mismos pandilleros vestidos con uniformes parecidos a los de la policía”, explicó el comisionado Howard Augusto Cotto, subdirector general de la Policía Nacional Civil (PNC).
“No descartamos ninguna línea de investigación… Pero lo que hemos encontrado no nos dice que estén actuando estos grupos de exterminio”, recalcó Cotto, algo que también ha dicho el ministro de Seguridad y Justicia, Benito Lara. Aunque lo cierto es que hace más de una década en el oriente de El Salvador, en la ciudad de San Miguel, actuó un grupo de exterminio contra pandillas que se llamó La Sombra Negra y que estaba integrado por agentes policiales al servicio de empresarios que eran extorsionados por los delincuentes.
En la masacre ocurrida el lunes en la madrugada, en el municipio de Santa María Ostuma, en el departamento de La Paz, fueron ametrallados cuatro pandilleros, tres hombres y una mujer, entre ellos Gerardo Giménez, alias El Suicida, a quien la policía identificó como uno de los jefes o palabrero de la pandilla Barrio 18, en la zona central de El Salvador. Testimonios brindados a la policía indicaron que un grupo fuertemente armado y vestido con ropas oscuras, semejantes a las que usa la policía, llegaron al lugar, entraron en la casa donde estaban los presuntos pandilleros y los acribillaron a balazos.
La última masacre ocurrió el martes en el municipio de Jucuarán, departamento oriental de Usulután, donde aparecieron tres jóvenes presuntamente pandilleros de la Mara Salvatrucha asesinados a tiros. Las víctimas fueron sacadas al patio de la vivienda para ser ejecutadas con armas de fuego. Esta fue la masacre número 26 que registra la policía y la fiscalía.
El subdirector de la PNC aclaró que sería apresurado aceptar o descartar la existencia de grupos de exterminio, como los hubo en el pasado, pero “sí hemos encontrado uno o dos casos en el que hubo agentes involucrados en homicidios de una pandilla contra otra. En ese momento fueron detectados, capturados, procesados penalmente y encarcelados”.
El comisionado Cotto aseguró en investigaciones realizadas de homicidios múltiples, han hallado vestimenta oscura a algunos capturados. “Como digo, se trata de uniformes hechizos, que es como se dice en El Salvador a cosas falsas. En pocos casos hemos encontrado uniformes verdaderos de la policía que habían sido reportados como robados”. Según las investigaciones policiales los hallazgos de uniformes falsos ocurrieron tras capturas de pandilleros en mayo pasado, luego de masacres que tuvieron lugar en Tacuba y en Cojutepeque.

La guerra interminable de las maras
Por otra parte, el director general de la PNC, Mauricio Ramírez Landaverde, afirmó que durante el primer semestre de 2014 los grupos criminales (en especial las maras) cometieron 120 ataques directos a la policía, en los que murieron seis agentes. El saldo para las pandillas fue de 40 fallecidos, 60 heridos y más de 100 capturados.
También se han dado casos como asesinatos de policías en períodos de vacaciones o licencias, como sucedió con el agente investigador Ever Castro Salamanca, de 39 años de edad y con 18 años de servicios en la PNC. Fue asesinado cuando se dirigía a su trabajo, emboscado por un grupo armado que portaba fusiles M-16, de uso exclusivo del ejército.
Por su parte, el Instituto de Medicina Legal (IML) de El Salvador informó que entre el 1 de enero y el 30 de junio último se cometieron 1.847 homicidios, 785 más que en el mismo período de 2013. El director del instituto, Miguel Fortín, detalló que solo en junio hubo 367 homicidios, para un promedio de delitos de 12,6 por día. Esta misma instancia registró en junio de 2013 un promedio diario de 7,4 asesinatos. La mayoría de los crímenes son cometidos por pandilleros y con armas de fuego.

http://internacional.elpais.com/internacional/2014/07/03/actualidad/1404400484_343734.html

lunes, 30 de junio de 2014

“Las fronteras son los cementerios de los inmigrantes”

Anita Zelaya, presidencta de COFAMIDE
San Salvador (30-06-2014)
Por Juan José Dalton (EL PAÍS)
El hijo de Anita Zelaya partió para Estados Unidos el 2 de mayo de 2002. Tenía la esperanza de lograr un trabajo para ayudar a su familia para salir de la pobreza, gracias a las remesas que enviaría. Anita sabe que atravesó Guatemala y llegó a México, y que ahí desapareció… “Nunca más he sabido de él… desde entonces lo busco, todos los días; no he descansado por buscarlo”, dice la acongojada madre. Como ella, hay cientos de personas que buscan a sus familiares desaparecidos en el trayecto de lograr el “sueño americano”, que para muchos se ha convertido en una trágica pesadilla.
Rafael Alberto Rolin Zelaya tenía 22 años cuando se marchó de El Salvador. “Se fue como se va la mayoría de nuestros jóvenes y ahora hasta menores de edad, van indocumentados. Comenzó desde entonces una búsqueda por mis propios medios. Como madre, he luchado por saber qué pasó con mi hijo y no me doy por vencida. He acudido a las entidades de Gobierno, al Ministerio de Relaciones Exteriores, a la Policía Internacional (Interpol), a los albergues y a las diversas organizaciones de la sociedad civil que trabajan a favor de los migrantes”, narra Anita, quien ya ha recorrido la ruta del migrante (desde Guatemala y México, hasta la frontera sur de Estados Unidos), escudriñando rincón tras rincón para saber de su hijo.
Anita Zelaya, otrora una humilde ama de casa de una familia pobre, en la actualidad es una activa personalidad social que encabeza el Comité de Familiares de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos de El Salvador (Cofamide), fundado en 2006 y que se mantiene con donaciones de organizaciones mexicanas y canadienses. “Tenemos algunos fondos para mantener un local en San Salvador, donde recibimos denuncias de desaparecidos”, explica Zelaya, y agrega que llegaron a tener desde la fundación de la organización “unos 350 casos de desaparecidos. Por nuestro trabajo algunos casos se han resuelto. Algunos, muy pocos, se han localizado vivos; otros, se ha comprobado que fallecieron por las pruebas de ADN”.
“Los hallazgos recientes de cadáveres en fosas comunes en la zona fronteriza de Texas, específicamente en Falfurrias, acarreará visitas a nuestra institución, porque los padres, madres y hermanos de los desaparecidos siempre tienen la esperanza de encontrar a sus parientes. Pero valga decir que las fronteras del sur de México y de Estados Unidos son cementerios de migrantes mexicanos, de guatemaltecos, hondureños y salvadoreños”, apuntó Anita Zelaya.

“Mi hermano podría estar en una cárcel”

Luis Alberto López es el encargado de búsqueda de Cofamide; es cofundador de la organización con Anita Zelaya. Su hermano Juan Carlos desapareció en 2001, cuando tenía 24 años. “Llevo 13 años buscando a mi hermano. La última vez que supimos de él fue cuando el coyote  –se le dice así a los traficantes de migrantes— nos llamó por teléfono para decirnos que ya Juan Carlos estaba con él. Después no tuvimos más noticias”, cuenta López.
Los coyotes cobran en la actualidad entre 5.000 y 7.000 dólares por llevar a un migrante hasta la frontera de Estados Unidos. Los negocios son redondos, dado que cobran la mitad en El Salvador y la otra mitad en territorio estadounidense. Se cree que de El Salvador salen diariamente unos 500 migrantes, la mitad de ellos menores de edad y adolecentes, según datos oficiales de las autoridades locales.
“Tenemos versiones de lo que ocurrió con mi hermano: que se peleó con el coyote y que este lo dejó abandonado. Me dicen también que es probable que en la lancha que abordaron llevara drogas y entonces podría estar preso en alguna cárcel mexicana, pero es difícil localizarlo porque estaba sin documentos”, explica López, que afirma que en 2013 se logró entrar a algunas cárceles de Tapachula y de Oaxaca, gracias al Movimiento de Madres Centroamericanas, que organizaron una caravana para buscar a sus hijos desaparecidos. “En Oaxaca localizamos a varios salvadoreños que no tenían ninguna comunicación con sus familiares”, añadió. Pero de su hermano no se tiene rastro.
En la actualidad Cofamide maneja 244 casos en los que los familiares han hecho la denuncia y se les han tomado muestras de ADN. Esos casos se confrontan con los muertos que van apareciendo o los ya localizados en cementerios clandestinos o cementerios legales donde son sepultados como desconocidos.
López aclara otra realidad a la que se enfrentan los migrantes indocumentados; muchos mueren en el fuego cruzado de la guerra entre los narcos. “Incluso, son sepultados en las ahora llamadas narcofosas, sin que sean narcos… Existen muchos testimonios de migrantes que nos cuentan que en el trayecto se topan con los narcotraficantes, en ocasiones hay choques armados y muertos, entre ellos migrantes que terminan en narcofosas… Esta es una realidad adicional que sufrimos”, finaliza el encargado de búsqueda.

http://internacional.elpais.com/internacional/2014/06/30/actualidad/1404098832_838080.html