miércoles, 17 de enero de 2007

Lisiados, abandonados de la paz


(Roque y Roquito Dalton, in memoriam)

Bernardo Menjívar, ahora de 37 años de edad, no aparenta el sufrimiento que lleva dentro. Nunca pierde la calma ni la sonrisa. Maneja un vehículo mecánico y siempre lleva una laptop acuesta: es técnico en computación, trabaja a domicilio y en consultorías esporádicas. “Hago todo lo posible para sobrevivir y educar a mis hijos”, dice el que durante la guerra se le conoció como “Javiercito”.

Bernardo hace de todo. Su andar es pausado. Pese a las dificultades que atraviesa se considera “privilegiado” en comparación al resto de los más de 12 mil lisiados ex combatientes que dejó la pasada guerra civil salvadoreña y cuyo final se conmemoró este 16 de enero, en medio de un mar de contradicciones que subyacen en la sociedad injusta que se mantiene vigente.

Su entrada en la guerra en 1980 fue abrupta y cruenta: tenía apenas 11 cuando en una invasión militar en el pueblo de “El Jícaro”, en la montañosa provincia de Chalatanango, resultó masacrada la población, entre las asesinadas se encontraba su madre y una hermana, así como tíos y primos. “De niño hice se mensajero de la guerrilla. Al comienzo no teníamos radios y había que llevar mensajes de un frente a otro frente”.

“A los 16 años, siendo ya radista de la guerrilla, caí en un campo minado en la región de Cinquera. Quedé amputado de mis dos piernas. El dolor y la frustración eran tan intensos que le pedía a mis compañeros que me pegaran un tiro...”, contó el joven. Una de sus peores angustias vividas fue cuando en una incursión militar fue descubierto el refugio secreto –“tatus”- donde la guerrilla tenía en la zona de Arcatao (frontera norte con Honduras) a varios lisiados en recuperación.

“Creí que nos matarían como había ocurrido días antes con varios heridos de guerra en una zona cercana. Pero dieron la orden que nos trasladaran a una base militar y posteriormente fuimos entregados a la Cruz Roja Internacional (CICR) y en abril de 1986 viajamos a Cuba para recibir tratamiento médico y rehabilitación”, dijo Menjívar, quien en La Habana también estudió el nivel de primaria y secundaria.

“Soy privilegiado en comparación al resto de mis compañeros lisiados, tanto ex guerrilleros como ex soldados, que no estamos satisfechos con los beneficios que se nos otorgaron después de concluida la guerra civil. Los Acuerdos de Chapultepec dicen que debíamos ser atendidos integralmente, en nuestra salud, así como recursos y capacitación para podernos integran, pero no se ha cumplido. Muchos como yo, que tengo hijos y una familia que sostener, hemos decidido emigrar para poder tener una vida digna”, finalizó el discapacitado.
Autor: Juan José Dalton
Fecha: 16 de enero de 2007

martes, 9 de enero de 2007

Quince años de paz

Ateniéndonos a las ridículas costumbres nacionales, la paz en El Salvador celebrará el 16 de enero su “Fiesta Rosa”, es decir, sus primeros 15 años. Los protagonistas de la gesta, el gobierno y el ahora partido político FMLN, no hallan ni qué hacer para volver a salir en la foto dándose el abrazo. Es desde mi punto de vista, un verdadero montaje de burla a la sociedad.

En las “Fiestas Rosa”, la niña vestida con un inmenso traje rosado es presentada en público para que sea adquirida por el mejor postor. En el trasfondo está la mentalidad machista demostrando la virginidad intocable de la doncella para que alguien se lleve el premio, no importa que el padrastro o el tío ya se lo haya adueñado... Lo importante, en toda caso, es dar la imagen de pulcritud. ¡La hipocresía y la doble moral a todas sus anchas!

No hay diferencia en el caso de la paz salvadoreña. Políticos adversarios, pero al final políticos, quieren a todas luces dar la imagen de que en El Salvador hay una paz “doncella”, que estrena tacones, aunque “sus calzoncitos están llenos de hoyos”.

Como decía un mi amigo, estamos “mas-turbados que nunca”, tenemos la mentalidad “mas-turbada”.

¿De qué paz estamos hablando? Sólo el año pasado hubo más de tres mil 900 asesinados violentamente, la mayoría de un 85 por ciento con armas de fuego; se denuncian 30 extorsiones diarias; los barrios marginales siguen creciendo, la gente sigue sin conseguir trabajo y 700 personas se ven obligadas diariamente a huir de sus tierras para ir a conseguir un trabajo infame en Estados Unidos. El único país del planeta que tiene el nombre de Dios es ahora el más peligroso de Latinoamérica y uno de los tres más violentos del mundo

Si al principio la migración fue algo natural, el cínico sistema vigente edificó un modelo asombroso para que el país se convirtiera en el gran receptor de remesas, de ahí que mientras no haya paz social más ricos serán los banqueros y grandes comerciantes salvadoreños; de ahí la dolarización, la privatizaciones de la banca y tratados de libre comercio.

Los diputados bocones del FMLN rezan los conceptos anteriores desde sus púlpitos en el Parlamento, pero en los actos protocolares de la paz van a abrazarse con los gobernantes y los hacedores del modelo violento que padecemos.

No hay paz cuando oficialmente se edifica un monumento al asesino de Monseñor Oscar Arnulfo Romero. No hay paz cuando los masacradores de los sacerdotes jesuitas y del poeta Roque Dalton, se pasean con toda impunidad como grandes señores a los que se les rinde pleitesía.

Ciertamente se acabó la guerra entre facciones política, pero hay otra guerra quizás peor: la que no atina ni tiene blanco fijo. No creo que tengamos algo que celebrar... O perdón: Sí, celebremos el adormecimiento popular, la anomia en que hemos caído. Por ello, levanto mi copa vacía... ¡Salud!

Autor Juan José Dalton
Fecha: 9 de enero de 2007

martes, 2 de enero de 2007

Balance y perspectiva

Inicia un nuevo año. Por lo general, caemos en la trampa de confundir nuestros deseos con la realidad. Nos felicitamos y nos auguramos éxitos. Sin embargo, habría que hacer una reflexión mucho más realista del año que se nos fue y la perspectiva del que comienza; reconocer nuestras derrotas, potenciar voluntades y buscar soluciones a nuestros males. Para comenzar: no estamos solos.

El 2006 terminó con un hecho patético, que dejó sinsabores y pocos espacios para la esperanza de construir una sociedad humana mejorada; me refiero al ahorcamiento de Sadam Husein y su “puesta en escena global”. Todo este acontecimiento recargado de sadismo no refleja otra cosa más que la sed de venganza no tiene límites para la inmoralidad. Los enemigos de Sadam festejaron y bailaron; sus partidarios iniciaron el “cobro” con 70 muertos.

El presidente de Estados Unidos dice que el ajusticiamiento de Sadam es un paso más hacia la democracia de Irak. Mal inicia una democracia que tiene como fondo una invasión militar justificada con falsedades; sobre un cementerio de centenares de miles de víctimas inocentes y sobre las venganzas contra los derrotados. La perspectiva en Irak es siniestra.

En nuestro terruño la violencia delincuencial continua galopando imparable. El gobierno celebró por una leve alza del crecimiento de la economía, pero el número de asesinados y de afectados por los actos violentos también crecieron. Lo positivo va aparejado del dolor humano. Hubo celebraciones oficiales por el crecimiento de las remesas, mientras, en el otro extremo la familia se divide y sufre “lo que no está escrito” por la imposición de tener que emigrar en busca de trabajo.

Pienso ahora que aquella idea del poeta guatemalteco Otto René Castillo: “Hermosa encuentra la vida, quien hermosa la construye”. Es la utopía que choca contra la realidad. Puede encerrar esa frase la máxima de nuestras acciones. Lanzo mi propuesta al aire como un grito desesperado para no sucumbir.

Reconocer que estamos mal no es ser pesimista como muchos creen; mentir y esconder la verdad es un cinismo condenable. La incertidumbre no debe implicar desesperanza. Enarbolar la utopía de un mundo convivible es la meta.

Autor: Juan José Dalton
Fecha: 1 de Enero de 2007